Virus del papiloma humano

SESIÓN CÁTEDRA HARTMANN

Paula Díez Fornes

Valencia febrero 2015

El virus del Papiloma Humano (VPH) es una enfermedad de transmisión sexual que afecta a hombres y mujeres por igual. Causante de cánceres en el área anogenital, principalmente cáncer de cuello de útero en mujeres, y de verrugas genitales, llamados condilomas acuminados en ambos sexos.

Se han reconocido más de 150 tipos de VPH, 35 se identifican con lesiones malignas y benignas que afectan a la zona anogenital y 15 de estos se relacionan íntimamente con la aparición del cáncer de cuello uterino.

Aunque la prevalencia de infección varía en las distintas zonas geográficas del mundo, se considera que cerca del 80 % de las mujeres se habrán infectado por, al menos, un tipo de VPH a lo largo de su vida. No todos los tipos de VPH se desarrollan, algunos desaparecen en unos meses, pero otros pueden causar diferentes lesiones epiteliales.

El VPH se transmite por vía sexual a través del contacto entre las superficies mucosas y cutáneas de las personas previamente infectadas por alguno de los distintos tipos de papilomavirus.

Las infecciones genitales por VPH pueden detectarse en cérvix, vagina y vulva en mujeres; glande, prepucio y piel del pene y escroto en hombres; y en canal anal y perianal tanto de mujeres como de hombres.

Los condilomas acuminados son el signo más fácilmente reconocido de la infección genital causada por los VPH.

Si el VPH es detectado a tiempo, puede prevenirse su desarrollo. Existen pruebas especializadas para su detección, la prueba de citología, conocida como prueba de Papanicolaou  y la prueba de VPH.

El propósito principal de la prueba de Papanicolaou es detectar células anormales que pueden convertirse en cáncer si no son tratadas. La prueba de VPH identifica el virus que puede causar células anormales en el cuello uterino.

Debido a la falta de síntomas, es difícil saber si una pareja que ha sido activa sexualmente en el pasado está infectada ahora por VPH. La mejor forma de prevenir la infección por virus del papiloma humano  es la de evitar cualquier contacto oralanal o genital de piel de una persona a otra.

La investigación ha mostrado que el uso correcto y constante del preservativo puede reducir la transmisión de los virus. Sin embargo, las zonas no cubiertas por el preservativo pueden infectarse.

Actualmente existen dos vacunas preventivas: Gardasil® para la prevención del cáncer cervical, anal, vulvar y vaginal, así como para lesiones precancerosas en esos tejidos y las verrugas genitales causadas por la infección por VPH; y Cervarix® para la prevención de cáncer cervical y lesiones precancerosas cervicales causadas por la infección por VPH.

Ambas vacunas son muy efectivas para la prevención de infecciones por los tipos 16 y 18 de VPH. Gardasil® previene también la infección por los tipos 6 y 11.

Se recomienda que se administren antes del inicio de la vida sexual, es decir entre los 9 y 26 años, tanto en hombres como en mujeres. Si la persona ya es sexualmente activa, también se recomienda su administración ya que puede evitar el desarrollo de alguno de los otros tipos incluidos en la vacuna.

La administración de la vacuna es en 2 o 3 fases, dependiendo de la edad.  No debe administrarse en mujeres embarazadas ni en aquellos casos de alergia a alguno de los componentes de la vacuna.

Más de 180 millones de dosis administradas en todo el mundo avalan la seguridad de estas vacunas.

Los registros de declaraciones de reacciones adversas presuntamente asociadas a la vacunación han permitido confirmar el excelente perfil de seguridad de las vacunas frente a las infecciones por el virus del papiloma humano, con una relación riesgo/beneficio altamente favorable.

El efecto secundario más habitual es el dolor en el lugar de la inyección que en adolescentes puede ocasionar síncopes.

Se ha comprobado una duración de la efectividad de hasta 9,4 años, sin una disminución de la misma durante todo el periodo de seguimiento.

Un porcentaje elevado de niñas españolas objeto de vacunación inician la pauta pero no la completan. También un gran porcentaje no la reciben a la edad establecida por las Autoridades Sanitarias.

Para mejorar las coberturas de vacunación sería necesario:

  • Mejorar la comunicación tanto con los padres como con las propias adolescentes enfatizando en los riesgos de la enfermedad y los beneficios de la vacunación.
  • Mejorar la información respecto de los beneficios de la vacuna con los profesionales de la salud.
  • Incrementar los esfuerzos para conseguir completar las pautas de vacunación.

Desarrollar sistemas de repesca (recordatorios) y aprovechar las oportunidades perdidas de vacunación.